El proyecto, denominado “Corredor Bioceánico Longotoma”, propone recuperar la conexión ferroviaria trasandina con una infraestructura de gran escala que incluirá un túnel bajo la Cordillera de los Andes, nuevas vías electrificadas y un puerto de aguas profundas en territorio chileno.
La obra más destacada será la construcción de un túnel ferroviario de 54 kilómetros entre Uspallata, en Mendoza, y la ciudad chilena de Los Andes.
Según los impulsores del proyecto, esta infraestructura permitiría mantener la conectividad durante todo el año, evitando las interrupciones que suelen afectar al paso internacional Cristo Redentor durante el invierno debido a las condiciones climáticas.
La propuesta también contempla una doble vía electrificada de 420 kilómetros, destinada tanto al transporte de cargas como de pasajeros.
El corredor incluirá la creación de un centro modal de cargas en Longotoma, diseñado para recibir, clasificar y distribuir mercaderías provenientes de distintos países sudamericanos.
Desde allí, los productos serían trasladados hacia un puerto submarino de aguas profundas que se proyecta construir en la comuna chilena de La Ligua, sobre la costa del Pacífico.
Los promotores sostienen que esta infraestructura permitiría reducir costos logísticos, agilizar los tiempos de transporte y ofrecer una alternativa estratégica para las exportaciones de la región.
La iniciativa apunta especialmente al comercio agrícola. Según datos citados por el consorcio, Argentina y Brasil exportan anualmente más de 380 millones de toneladas de maíz, soja y trigo, y gran parte de esa producción tiene como destino China y otros mercados asiáticos.
El proyecto también incorpora criterios de sostenibilidad ambiental. Entre las medidas previstas se encuentra el uso de energías renovables y la instalación de sistemas de valorización energética de residuos, destinados a abastecer parte de las necesidades operativas del corredor.
La electrificación de las vías ferroviarias busca reducir la dependencia de combustibles fósiles y disminuir las emisiones asociadas al transporte de mercancías.
De acuerdo con sus impulsores, el objetivo es desarrollar una infraestructura logística moderna con menores impactos ambientales y mayor eficiencia energética.
La iniciativa retoma la histórica conexión ferroviaria que durante décadas unió Argentina y Chile a través del Ferrocarril Trasandino, operativo entre 1910 y 1984.
Aquella línea permitió el transporte de pasajeros y mercancías entre Mendoza y Los Andes, convirtiéndose en una pieza clave para la integración regional. Sin embargo, tras su cierre, gran parte de la infraestructura quedó abandonada y sufrió un progresivo deterioro.
Actualmente todavía pueden observarse restos de estaciones, puentes y vías a lo largo de la Ruta Nacional 7, testigos de una conexión ferroviaria que nunca volvió a funcionar de manera regular.
El nuevo corredor bioceánico busca recuperar parte de ese legado histórico, aunque con una escala significativamente mayor y orientada a consolidar una nueva ruta estratégica para el comercio entre Sudamérica y Asia.
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