Una marcha de memoria y encuentro que ilumina el recuerdo del pueblo armenio

Miles de personas participaron en Ereván de la tradicional marcha de las antorchas por un nuevo aniversario del genocidio armenio. La conmemoración, que se repite cada 24 de abril, enlaza la actualidad con una historia marcada por el recuerdo, la identidad y el pedido de reconocimiento.

En la ciudad de Ereván, capital de Armenia, miles de personas volvieron a reunirse para participar de la tradicional marcha de las antorchas, una de las expresiones más significativas en el marco de un nuevo aniversario del genocidio armenio. La movilización se dirigió hacia el memorial de Tsitsernakaberd, espacio emblemático dedicado a las víctimas de aquella tragedia histórica.

La convocatoria incluyó a ciudadanos, jóvenes y representantes de distintos sectores, así como también a delegaciones diplomáticas, en una manifestación que se repite cada año y que combina recogimiento, memoria y visibilidad internacional. La marcha forma parte de una serie de actividades conmemorativas que tienen lugar en el país y en la diáspora armenia.

La fecha no es casual. Cada 24 de abril se recuerda el inicio del genocidio armenio, ocurrido en el contexto de la Primera Guerra Mundial, cuando el Imperio Otomano llevó adelante persecuciones, deportaciones y asesinatos masivos que provocaron la muerte de alrededor de un millón y medio de armenios entre 1915 y los años siguientes.

El día conmemora particularmente lo sucedido el 24 de abril de 1915, cuando cientos de intelectuales y líderes armenios fueron detenidos en Constantinopla, en lo que se considera el comienzo de un proceso sistemático de exterminio.

A más de un siglo de aquellos hechos, la marcha de las antorchas se mantiene como un símbolo de memoria colectiva. Año tras año, miles de personas recorren las calles con fuego encendido en señal de recuerdo y reclamo, reafirmando la importancia de mantener viva la historia.

En este contexto, la conmemoración no solo remite al pasado, sino que también dialoga con el presente: distintos sectores continúan impulsando el reconocimiento internacional del genocidio, mientras otros debates políticos y diplomáticos siguen abiertos en la región.

Así, la jornada del 24 de abril se convierte en un punto de encuentro entre generaciones. La marcha, silenciosa y luminosa, expresa tanto el homenaje a las víctimas como la continuidad de una memoria que sigue vigente y que busca proyectarse hacia un futuro atravesado por el respeto, la convivencia y la construcción de paz.

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